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RELEVANCIA CLÍNICA DE LOS PRINCIPALES ÁCIDOS GRASOS

ÁCIDOS GRASOS POLIINSATURADOS OMEGA-6

Riesgo de enfermedad coronaria
La ingesta elevada de ácidos grasos poliinsaturados omega-6 se ha asociado con perfiles lipídicos de bajo riesgo de enfermedad coronaria (reducción del colesterol-LDL, reducción de triglicéridos y aumento del colesterol-HDL). La evidencia epidemiológica prospectiva sugiere que reemplazar las grasas saturadas por grasas insaturadas en la dieta disminuye el riesgo de enfermedad coronaria.

Un estudio cruzado demostró que el ácido linoleico estaba inversamente relacionado con la prevalencia de cardiopatía isquémica y que este efecto era mayor si además se ingerían cantidades elevadas de ácido linolénico.1

Riesgo de diabetes
Se ha documentado una relación inversa entre grasas vegetales, grasas poliinsaturadas y riesgo de diabetes. Una revisión de estudios epidemiológicos concluye que una ingesta elevada de ácidos grasos poliinsaturados puede ser beneficiosa en la reducción del riesgo de padecer diabetes.2

Riesgo de aporte insuficiente
En dietas occidentales, los ácidos grasos poliinsaturados omega-6 contribuyen de media en un 5%-7% al aporte energético total de los adultos3,4 y no superan el 10%. Las principales fuentes de ácidos grasos poliinsaturados omega-6 son los aceites vegetales (p. ej. aceite de soja, aceite de girasol y aceite de maíz). El ácido linoleico, el componente principal de este grupo, es esencial en la dieta y  la ingesta adecuada (IA) está establecida. Basado en los requerimientos energéticos estimados para cada grupo de edad, para alcanzar la IA se requeriría una ingesta mínima que supusiera un 5% de la energía, siendo el rango aceptable de distribución de macronutrientes (RADM) entre el 5% y el 10%.

Ácidos grasos poliinsaturados omega-3

Riesgo de enfermedad coronaria e ictus
Una creciente evidencia científica sugiere que los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 (eicosapentanoico [EPA] y docosahexanoico [DHA]) reducen el riesgo de enfermedad coronaria y de ictus a través de múltiples mecanismos: previniendo las arritmias5-7, reduciendo la aterosclerosis8, disminuyendo la agregación plaquetaria, reduciendo la concentración de triglicéridos plasmáticos, incrementando ligeramente el colesterol-HDL, modulando la función endotelial, reduciendo los eicosanoides proinflamatorios y disminuyendo de forma moderada la presión arterial.

Los estudios epidemiológicos ofrecen resultados variables. Los estudios realizados con esquimales de Groenlandia y otros estudios observacionales posteriores como el estudio Zutphen9, el estudio en población anciana de Rotterdam10, el Seven Countries Study11, el Chicago Western Electric Study12, el Multiple Risk Factor Intervention Trial o el Physicians Health Study13 demuestran una relación inversa entre el consumo de ácidos grasos poliinsaturados omega-3 y enfermedad coronaria, mortalidad total y mortalidad de origen cardiaco.14 Otros estudios, por el contrario, no demuestran esta correlación, como es el caso del Health Professionals Follow-up Study.15

Existen pocos datos en relación con el consumo de ácidos grasos poliinsaturados omega-3 e ictus. El estudio Zutphen demostró que el consumo de más de 20 g/día de pescado se asocia a una reducción del riesgo de ictus. Lo mismo ocurrió en el estudio de seguimiento epidemiológico NHANES16 y en el Estudio de Salud de las Enfermeras.17

En cuatro estudios clínicos controlados y aleatorizados se demostró un beneficio del pescado, del aceite de pescado o del ácido alfa-linolénico en la prevención de la enfermedad coronaria:

• El Diet and Reinfarction Trial (DART)18, 19 demostró una reducción de la mortalidad global por infarto de miocardio en pacientes que habían sobrevivido a un primer infarto.

• El Indian Experiment of Infarct Survival20 constató una reducción del total de eventos cardiacos, de infartos no fatales, de arritmias, de dilatación ventricular izquierda y de angina y de muerte por causas cardiacas en pacientes supervivientes a un infarto de miocardio.

• En el Lyon Diet Heart Study21,22 participaron pacientes que habían sufrido un infarto de miocardio y que recibieron margarina que contenía ácido alfa-linolénico. Se demostró una reducción significativa del riesgo de muerte por causa cardiaca para el grupo de tratamiento después de 27 meses y una reducción adicional en el seguimiento de 4 años.

• En el GISSI-Prevenzione Investigators, pacientes tratados con 850 mg de ácidos grasos omega-3 (EPA + DHA) durante 3,5 años experimentaron una reducción del 15% en la mortalidad, en el infarto de miocardio no fatal y en el ictus no fatal, además de un 20% de reducción de mortalidad por cualquier causa y un 45% de reducción de muerte súbita.

Los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 han demostrado también ser capaces de lograr una reducción de la presión arterial de 3 mmHg en la presión sistólica y de 1,5 mmHg en la diastólica.23 Asimismo, se observa un efecto dosis dependiente para ingestas de 3 g/día a 15 g/día. En humanos, también se ha observado un efecto antiarrítmico.24

Riesgo de diabetes
Los datos epidemiológicos disponibles demuestran un efecto beneficioso de la ingesta de ácidos grasos poliinsaturados omega-3 sobre el riesgo de padecer diabetes.25-27 Los estudios de intervención en animales sugieren que la administración de ácidos grasos poliinsaturados omega-3 produce un incremento de la sensibilidad a la insulina y corrige la hiperinsulinemia. Estos mismos efectos se han comprobado en pacientes diabéticos no insulinodependientes.28 Sin embargo, otros estudios en pacientes no diabéticos o con diabetes tipo II no han demostrado efectos beneficiosos sobre la actividad de la insulina.

Riesgo de cáncer
La evidencia experimental sugiere diversos mecanismos por los que los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 pueden tener un efecto protector contra el cáncer: supresión de la transformación neoplásica29, inhibición del crecimiento y de la proliferación celular30-32, inducción de apoptosis31,33 e inhibición de la angiogénesis.34 Estas acciones pueden deberse a la supresión de la producción de eicosanoides por los ácidos grasos omega-6.

Estudios epidemiológicos en diferentes países han mostrado una relación inversa entre la ingesta de pescado en la dieta y la incidencia y mortalidad por cáncer de mama35,36 y por cáncer colorrectal37,38, al igual que con cáncer de próstata, aunque en este caso de forma no significativa.39-41

Riesgo de aporte insuficiente
Los aceites vegetales como el de soja, semilla de lino o cánola contienen cantidades elevadas de ácido alfa-linolénico. Los pescados grasos y los aceites de pescado aportan una combinación de EPA y de DHA biológicamente activos. Los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 son esenciales en la dieta y, por tanto, se ha determinado su ingesta adecuada (IA). El grado de ingesta adecuada para el ácido alfa-linolénico oscila entre el 0,6% al 1,2% de la energía total.

ÁCIDOS GRASOS SATURADOS, ÁCIDOS GRASOS TRANS Y COLESTEROL

No existe riesgo de enfermedades crónicas asociadas a un bajo consumo de ácidos grasos saturados, ácidos grasos trans o colesterol. Existe una abundante evidencia científica que relaciona el consumo elevado de ácidos grasos saturados, trans y colesterol con el incremento de colesterol total y de colesterol-LDL y, por lo tanto, con el riesgo de enfermedad coronaria. Debido a que este incremento es lineal, incluso una ingesta moderada de cada uno de ellos incrementa el riesgo.

Reducir la toma de ácidos grasos saturados requiere disminuir la ingesta de grasas animales (p. ej., grasa de la carne y de la mantequilla) y de ciertos aceites, tales como los de coco y palma. Los ácidos grasos saturados de la dieta pueden reducirse escogiendo los cortes magros de la carne, extrayendo la grasa visible y comiendo porciones más pequeñas. La cantidad de mantequilla añadida a las comidas puede minimizarse o reemplazarse por aceites vegetales o por margarinas de aceites vegetales sin hidrogenación parcial. Estos cambios pueden disminuir la cantidad de grasas saturadas ingeridas sin alterar la ingesta de nutrientes esenciales.

La disminución de la ingesta de colesterol puede lograrse comiendo menos huevos, mientras que la reducción de la ingesta de ácidos grasos trans se consigue limitando el consumo de carnes de rumiantes y  grasa láctea, es decir escogiendo productos lácteoas desnatadaos o preferiblemente a los que se les ayuda susutituido la grasa láctea por aceites, otra fuente de ácidos grasos trans son los productos procesados con presencia de grasas parcialmente hidrogenadas como algunos pasteles, bollos, rosquillas y snacks industriales, actualmente las margarinas de mesa del mercado español contienen menos de un 2% de grasa trans.

BIBLIOGRAFÍA