Una alimentación más saludable para los pacientes cardiovasculares

En múltiples ocasiones se nos aconseja mantener una alimentación saludable y equilibrada con el fin de mejorar nuestro estado de salud, pero cuando hablamos de personas que han sufrido un infarto en algún momento de su vida esta recomendación se convierte casi en una obligación. En esta ocasión nos gustaría ir un paso más allá y preguntarnos ¿hasta dónde es necesario llegar para proteger nuestra salud cardiovascular?

Un estudio reciente elaborado en Dinamarca con la colaboración de 4.307 participantes, ha puesto de relieve la importancia de una alimentación saludable en pacientes que han sufrido un infarto, demostrando una reducción de hasta el 30% en el riesgo de padecer un nuevo infarto en el futuro.

En el análisis, publicado por el American Journal of Clinical Nutrition, estudió la alimentación de estas personas, mayoritariamente situadas entre los 60 y 80 años, durante toda una década. A lo largo de ese tiempo solo 342 personas padecieron de nuevo un infarto, lo que permitió comprobar que una alimentación equilibrada permitía reducir en un 32% la mortalidad tras este tipo de trastornos.

Como parte de la investigación se controlaron además los hábitos alimenticios de la totalidad de los participantes, comprobando cuan saludable era su comida diaria, así como la cantidad de nutrientes que incluía presencia de verduras y frutas, cereales, legumbres, carnes y pescados. Así se descubrió que en las personas que mantenían una mejor alimentación, en la que incluían lácteos desnatados, aceites vegetales y derivados como las margarinas, la protección ante futuros episodios cardiovasculares era mayor.

El estudio se completaba teniendo en cuenta los tratamientos farmacológicos a los que los pacientes estaban sometidos. En la mayoría de los casos, el accidente cardiovascular había estado relacionado con los niveles de colesterol, de ahí que un 86% de los pacientes tomara estatinas para mantener sus niveles controlados; con la hipertensión -el 90% tenía recetado algún fármaco para regular la tensión; o con la coagulación –un 98% se medicaba para prevenir la aparición de trombos-. Se determinó entonces que la aplicación de este tipo de alimentación equilibrada y sana en personas que ya contaban con algún tipo de medicación, ampliaba los porcentajes de recuperación, aumentando además la esperanza de vida de los pacientes.

Desde Instituto Flora queremos animarte a tener una alimentación más equilibrada y darte algunas pautas para conseguir que lo que comas se traduzca en un mejor estado de forma física y psíquica:

  • Comenzar el día con un desayuno saludable, en el que se incluyan fruta, lácteos desnatados, cereales integrales y alguna grasa vegetal (untable como la margarina, rica en grasas poliinsaturadas, o aceite de oliva, rico en monoinsaturadas).
  • La comida de medio día debería incluir verdura y algo de pescado o carne magra. Para potenciar sus beneficios para la salud, es mejor que los platos estén cocinados al vapor u horneados.
  • La cena no debería ser muy contundente. Alternar la carne, el pescado y los huevos entre la comida y la cena ayuda a controlar especialmente las proteínas y la calidad de la grasa que se ingiere.
  • Y muy importante ¡no olvides tus tres raciones de fruta al día!

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